Monthly Archives: agosto 2016

Tu eres mi carnaval.

Me miraron de soslayo, yo gesticulando tanto que hasta me mareaba explicando, la sonrisa era amplia y se veían todos los dientes brillando de alegría, me movía intentando decir  que era pa mí, que sentía y a que se debía que participará con mi tambor o mis ganas a cuestas por  tantos y tantos años, nos trenzamos en un doblez de abrazos apretados,  nos esforzamos por quedarnos así por siempre, pero la verborrea seguía insistiendo, mis palabras no daban para mostrar tantos colores, ni me alcanzaban los adjetivos para describir las sonrisas que tanto me gustan, pausada  me toma los hombros en su diminuta cocina, me hace callar manteniendo la mirada, yo entiendo que debo callar y dice… tú eres mi carnaval.

La cosa va así

Lo encontré por ahí y me gusto, esta  entre comillas ya que no es mío:

“Le haces el amor,
te la coges,
te la das,
¿y qué sigue?
Sigue cada uno cambiarse de ropa,
tomar una ducha
porque aún hueles a piel ajena.
Si es motel, cada uno por su lado.
Si es tu casa, toca tender las sábanas.
Si la quieres,
le preparas el desayuno.
Si aún no la quieres,
síguetela cogiendo,
eventualmente le tomarás cariño.
Si aún no sabes cómo le gusta el café,
cómo le gustan los besos,
sus zonas sensibles,
si no sabes
esos problemas que la acogen,
sus miedos más profundos
o sus sueños,
en definitiva, aún no te la coges lo suficiente.
Si se va de madrugada
o en la mañana,
no te confundas,
no lo hace por protocolo
o porque esté ocupada,
simplemente no tiene ganas de quedarse.
Si compartes cama con una mujer
y no vuelve,
algo estás haciendo mal
y no tiene nada que ver
con el tamaño de tu miembro
o cómo coges,
sino quizás no la comprendes,
no la escuchas,
no la haces reír
o no se siente segura contigo.
Es que así es,
hasta las que se autodenominan putas
tienen al menos una cama
a la que siempre regresan,
una casa donde pueden despertar
con su desayuno favorito,
un café,
una sonrisa
y la seguridad de que ahí,
siempre será bienvenida.
A las mujeres siempre hay que tratarlas con cariño,
aunque digan que no le gustan esas cosas,
aunque se las den de muy cabronas.
La cosa va así,
te la coges como si la odiaras,
pero despiertas como si la amarás,
pregúntale cómo le gusta el café
y pídele que se quede,
que hay mucho tráfico,
que afuera está lloviendo
o yo qué sé.
Invéntate una excusa cualquiera,
ofrece una de tus camisas como pijama,
recuéstate a su lado,
dale su café,
mírala a los ojos
y hazle preguntas hasta que te canses.
Te puedo asegurar,
que una vez que empiece,
no vas a hacer que se calle,
porque siempre se la habían cogido y ya
ningún hombre se preocupó por la mañana.
Eventualmente tendrá que irse como todo lo bueno que llega a nuestra vida,
y se irá con los ojos brillando,
con una sonrisa que no se la aguantará nadie.
Regresarás a tus hábitos,
a tus quehaceres,
a tu vida que ahora se siente diferente,
pero no pasará mucho tiempo,
tu teléfono vibrará
y será ella en forma de mensaje,
un mensaje que las cabronas no mandan:
“Te extraño”,
así a secas,
y no sabes cuánto le costó escribirlo.
Entonces tiendes tu cama,
preparas la cafetera
y sonríes
porque es inevitable
no quererla,
aunque sea un poquito. ?”

— C. Cortés.

Terraza

Me gustaría estar escribiendo esto  sentando mirando el mar en una terraza, con un jugo de piña y el viento fresquito dándome en la cara, seguro el texto andaría más lejos en lo que escribo pensando en un mar que siempre escucha junto al ronroneo de las olas que tanto me gusta.

El viento salado,  la libreta lista el mirar de reojo todo lo que pasa, de paso pausado si así lo pide el momento,  me gusta caminar siempre, es mi opción preferida al moverme por el mundo, más si esto es en compañía que me agrade, tengo amigos con los cuales camino horas y nos sigue faltando camino para continuar la charla y la vida, esa vida que se nos va en tantas palabras dichas con cariño, tristezas y  risas.

A veces quiero caminar descalzo, sentir la arena, el pasto y la cerámica heladita.

Mil Tambores, mil corazones.

“Un día podrán terminar con Mil tambores , los carnavales, las fiestas ciudadanas. FValpoueron capaces de bombardear la moneda, de todo son capaces esos mismos , pero renacerá nuevamente , con otro nombre con otros ritmos y más colores, la humanidad siempre, siempre encontrará la forma de expresar su felicidad,para eso venimos al mundo, a ser felices, los Estados y los gobiernos , pueden o no comprender la importancia de la fiesta y eso al pueblo no le importa, el pueblo siempre baila y canta, así se inventaron las fiestas de toque a toque, así resistió la cueca…”

Santiago Aguilar, director Mil Tambores

Ismael Serrano

Hace ya como diez años o más me presentaron para escuchar a Ismael Serrano, como siempre me pasa con los trovadores son muy lentos para lo que me gusta, ahora las historias son tremendas, pero tengo la certeza que si fueran rapeadas me gustarían “caleta” de mucho!

Tengo la certeza que con  alguna chica comencé a escuchar y eso se ha repetido con los años, a las mujeres les gusta mucho más que a los hombres, por lo mismo, sólo desarrolle un gusto particular por un par de canciones que me gustan mucho,  una de ellas es “Recuerdo” con ella me ha pasado que me escucho… (Que seguro le pasa a muchos) eso es lo que hacen los artistas, hace que nos identifiquemos de alguna manera con sus letras, eso me gusta, me siento  parte de la canción y en varios pasajes pienso que la escribí yo, acá la dejo:

“Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos”

Thas 70s Show

Hace un par de semanas que estoy viendo una serie de nombre: Thas 70s show, son 8 temporadas y el del 2005, me ha hecho reír varias veces y una de las cosas que me gusta es el coro de la canción con la que se abren los capítulos, la busqué y encontré que es un remake de otra antigua canción, acá la dejo:

Qué sentido nos da.

Me preguntan si me veo haciendo otra cosa, si pudiera ser otro lo sería?

Es difícil responder eso, hace unos años recuerdo cuando estudiaba periodismo que saque las cuentas junto a una amiga y dije: Para el 2010 estaré en el mundial reporteando para algún medio, nada más alejado a lo que paso y a lo que quería, ni siquiera sé bien porqué lo dije, en ese tiempo tenía claro que no quería ser periodista deportivo, sólo por pensar que no quería hablar mal de mi equipo preferido nunca.

Hoy me veo haciendo otras cosas? me gustaría tener un grupo de rap y poder cantar lo que escribo, me gustaría andar en skake, hacer surf y sky para tomar videos pulentos de las piruetas que hago, me gustaría saber más conceptos estéticos para hacer clips y editar buenos videos, me gustaría andar de viaje con sólo una mochila por el mundo, además me gustaría aprender a tocar la armónica y así suma y sigue, a veces pienso que me debería haber dedicado al 100% a seguir haciendo magia y desarrollando el personaje, pero no, aquí estoy, enseñando malabares, tocando batu, mirando magia y comenzando a administrar un pedazo de libertad en la nueva casa cultural Mestiza, esta pedazo de mi vida, justo ahora, se llama: Aprendiendo.

 

 

EL CARNAVAL: EL SENTIDO VITAL DEL TIEMPO

Por Maximiliano Salinas C. / Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile

 

¿Cómo representamos el tiempo? El imaginario patriarcal nos proporciona un arsenal de signos, símbolos y señales del tiempo. Como una sucesión de enfrentamientos, conflictos y guerras. Interminables. Es cosa de ponerse a contar: Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, ¿Tercera Guerra Mundial? Para contar esa sucesión de tragedias no han escaseado relatos y metarrelatos. Cronistas, archivos y museos. Y ahora, todos los días, los noticiarios de la televisión. Cambian los formatos, pero los relatos son los mismos. ¡Dan cuenta de un mundo infeliz!

Obviamente esta es una dimensión muy pequeña, recortada del tiempo. Es su representación, reitero, patriarcal. Donde se valora y se enseña la lucha, la competencia, la agresión, el éxito. En Chile esta representación del tiempo hizo escuela, y formó nuestras escuelas. En el siglo XIX tuvimos que ser los ingleses de América del Sur. Con el encierro neoliberal del siglo XX pasamos a ser los Chicago Boys de la Guerra Fría. La cronología de este tiempo segregador, serio y trágico es como la sucesión de las salas del Museo Histórico Nacional. Dejando atrás la pequeña y oscura sala 1 de los ‘primeros habitantes de Chile’, se va desde la sala 2 del ‘descubrimiento y conquista’ por los europeos hasta la sala 18 con el golpe militar de 1973, y los anteojos destrozados del Presidente Salvador Allende. ¿Fin de la historia?

¡El tiempo de la vida es el que falta!

El sentido más original y originario del tiempo es la exaltación y la celebración de la vida. Los sucesos de este tiempo, la multitud de las fiestas que celebran desde el nacimiento singular de cada persona hasta la consumación de su itinerario vital, instalan un escenario variopinto festejado por todos los pueblos del mundo. Bautizos, casorios y velorios. Siembras y cosechas. Es el ritmo impresionante de la tierra y de los pueblos de la tierra. En Chile esta historia si no se ha contado se ha vivido a todo trapo. Es la historia milenaria de los pueblos indígenas, con su extrema sabiduría. Es la historia no contada de los pueblos mediterráneos que nos trajeron palabras, canciones y bailes. Es la historia campesina y terrestre de los pueblos de África. De toda esta enjundia venimos nosotros. Y con ella vamos de atrás para adelante, y de adelante para atrás.

Esta historia no es individual ni trágica. Esa la inventaron, para desgracia colectiva, los vigías o intelectuales de un mundo exclusivo, colonial. La historia del tiempo de la vida es la historia de la vida de todos, con todos, y para todos. Comunitaria, afectiva, esperanzada. Así se creó una tradición nutritiva y cósmica. En diálogo con todas las formas de la vida. Junto al mar, a las montañas, a los animales.

La expresión cumbre del tiempo de la vida es el Carnaval.

Con diferentes denominaciones se celebra entonces la locura de la fertilidad de la vida. La regeneración de la naturaleza de las plantas, los animales y los seres humanos, de todos los seres vivos. Exaltación sensual, animación de los cuerpos, llegada de la primavera. Patrimonio de todos los pueblos: en África, en Europa, en Asia, en las Américas. En Chile el carnaval se reinventa cada día, en cada región, en cada generación. Junto a la belleza de la vida natural y la vida social de todos nosotros. Tiene la riqueza de los pueblos de los Andes, con sus tinkus y comparsas. La riqueza de los pueblos de África con sus tambores y morenadas. La riqueza de los pueblos mediterráneos con sus ritmos y bailes gitanos y árabes.
En 1862, Pedro Ruiz Aldea, escritor sureño, decía que las razones para celebrar la vida en Chile eran infinitas. Carnaval todo el año: “¿Se casó usted? A darle los parabienes. ¿Le nació algún niño? Bautizo y sandunga. ¿Se le murió más tarde? Angelito en la noche. ¿Falleció su señora? Velorio y refresco. ¿Le llevaron a enterrar? Vino para los cargadores.” (Pedro Ruiz Aldea, En perpetuo Carnaval, en La Tarántula, Concepción, 24 de diciembre de 1862). Un siglo después, en 1970, Salvador Allende, con la esperanza de un tiempo festivo y fraterno, con un sí es no es de carnaval, de empanadas y vino tinto, dijo: “Este Chile que empieza a renovarse, este Chile en primavera y en fiesta, siente, como una de sus aspiraciones más hondas, el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano.” (Hernán Godoy, Estructura social de Chile, Santiago: Editorial Universitaria, 1971, 593).

Nuestros grandes artistas del siglo XX -intérpretes de la más acendrada historia natural y social- contaron no sólo las tristes desavenencias del tiempo patriarcal, sino la exaltación de un acontecer grávido y gravitante de vitalidad. Hay que aprender a escucharlos. Gabriela Mistral, por ejemplo, se entusiasmó con los tambores de los pueblos de nuestra morenidad:

“Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra: […].
Se oyen trillas, se oyen fiestas. […]
y lleva vivos y lleva muertos
el tambor indio de la Tierra.”
(Gabriela Mistral, La Tierra: Ternura).
“Panameño, panameño,
panameño de mi vida,
yo quiero que tú me lleves
al tambor de la alegría. […].
¡Vamos por ningún sendero,
que el sendero sobraría,
por el tumbo y el jadeo
del tambor de la alegría!”
(Gabriela Mistral, Tamborito panameño: Tala).

¡Quién lo creyera! Hemos hecho de Gabriela Mistral una mujer sin tambor. Recuperemos su ardor vital indígena y africano, de donde provenían sus sangres cruzadas en los valles de Coquimbo. En 1791, en el valle de Aconcagua, un esclavo africano, Mateo Ramos, tocaba el tambor en una fiesta religiosa dedicada a Santo Domingo. La hija de su amo blanco le ordenó al negro que se retirara porque le quitaba la vista. El africano, que a lo mejor a qué espíritu de su pueblo honraba bajo la máscara católica, le contestó: “No me quitaré. Estoy celebrando a alguien superior a usted, mujer engreída.” (Gonzalo Vial, El africano en el reino de Chile, Santiago: Universidad Católica de Chile, 1957, 146-147).

Celebramos ahora los quince años del Carnaval de los Mil Tambores de Valparaíso. Mil tambores, miles de vidas. A orillas del Océano Pacífico, ese escenario colosal que también es un prodigioso ser vivo. Ojo con los tambores: “Cuando el tambor comenzó a golpearse a sí mismo, se levantaron todos los que desde cientos de años atrás estaban muertos y vinieron para ser testigos de cómo el tambor tocaba el tambor.” (Amos Tutuola, 1920-1997, escritor de Nigeria, inspirado en la tradición oral yoruba, en Janheinz Jahn, Muntu. Las culturas de la negritud, Madrid: Guadarrama, 1970, 215).

Conferencia: Cómo celebramos las y los chilenos / Carnaval Mil Tambores, Valparaíso 2014. Ex cárcel de Valparaíso, 3 de octubre de 2014.

Defino

Siempre me defino de diferentes formas, pero una que siempre me gusta es: Amante del frío, los libros, las fotos y el silencio…