Historia Digna de Contar – Por Raúl Román

Historias dignas de contar… 

                Que ganas de decir que tan solo tengo 1 historia que contar con mi amigo Reinaldo Emilio Cortés Carrasco, ya que si hubiese sido así con tan solo una historia este texto habría sido breve y conciso, pero no claro que no, debo confesar que tengo muchas historias que contar algunas buenas otras divertidas y quizás algunas más personales y de alto contenido, es por eso que tratare de sintetizar al máximo este texto para dejar lo mejor que trae mi memoria al recordar estas anécdotas con mi gran amigo negro.

                Lo primero es recordar como lo conocí, claro antes de la historia hay una barrera de confianza que se debe comprometer entre esta amistad. Fue en el año 2000, lo digo casi con certeza ya que recuerdo que estaba en segundo medio y asistíamos con la batucada a un  homenaje de un motorista fallecido hace un tiempo atrás, si mal no recuerdo se conmemoraba año o un cumpleaños de esta persona de quien no recuerdo el nombre pero si el apodo “Piolin” su muerte se debió a un lamentable accidente en moto, en las cercanías de las calles San Hugo con Nona to coo, cerrábamos el emotivo homenaje intentando alegrar un momento muy complejo y comenzamos a caminar por largas cuadras con el grupo, entre ellos El negro y su polola, como bien siempre lo hacía se sabía las gracias de cada uno de nosotros y sabía que yo podía hablar como bebé e imitar algunas voces, me pedía con agrado que hablará para que se distendiera un rato el triste momento vivido en lo que para mí fue la tocata más particular de mi vida.

               Cerca de las fiestas de fin de año nuestro grupo de batukada del colegio, se ofreció para colaborar con el Hospital Calvo Mackenna y por sorpresa me encontré con el Negro y el Ponce, claro un amigo del negro que al igual que él hacía magia, a mi parecer de este entonces con algo más de gracia por la diferencia de estilos de magia que mostraban entre el uno y el otro, los tambores llamaron la atención del negro y obviamente se acercó y ofreció tocar junto a nuestro grupo, desde ahí en adelante creo que aprendimos a reconocer el uno del otro la solidaridad que existía en nuestras personas y fue un quiebre entre ser conocidos y pasar a ser amigos.

                Comenzaron los veranos y en sí las invitaciones, coordinaciones y obviamente los viajes subvencionados por el talento musical de la Batucada, claro ya que nada de esto sería válido si no fuera por el subsistir de la música por nuestra propia sobrevivencia, ninguno de nosotros tenía una familia adinerada que pudiera costear todos los gastos de 1 mes de vacaciones por esto la música, literalmente nos mantenía vivos en vacaciones. Con ciertas Garantías conseguíamos un permiso municipal para poder accionar con el ritmo de los tambores restringiendo a la ley y atrayendo al público que generosamente propinaba nuestro show, de esta manera costeábamos los gastos básicos (alojamiento y comida) por lo general los carretes se costeaban por invitaciones o por dineros anexos al hecho de tocar.

                Del carrete están casi todas las mejores anécdotas, siempre entre copas y chistes aparecen estas increíbles historias, por lo general con un protagonista en particular, mi amigo personal Juan Carlos Acuña Moreno alias Papelucho, soy un convencido de que hay veranos muy distintos solo con el hecho de su simple presencia, es como que los planetas se alinean en torno a la ingenuidad y descuidos de mi amigo, es una mezcla rara entre el gato Juanito, el flaco, Cantinflas, Don Ramón, Stifler, Antz, Ruperto y quizás cuanto personaje más que no recuerdo en este momento. Este siempre es el punto de inflexión de risas que comenzaré a plasmar ahora.

Segundo Viaje  (2004)

                El primer viaje en conjunto fue un verdadero acontecimiento, de partida corrimos desde puente alto hasta el cruce de Colón de  San Bernardo para abordar el bus que nos llevaba a Lican ray, 4 éramos los que sufríamos por llegar (Negro, Ponce, Palomo y Yo) en un comienzo en micro, luego en colectivo y finalmente una carrera a través de una pasarela con bolsos de viaje e instrumentos de la murga. Llegamos justo a tiempo, el bus ya se iba logramos cargar y subir con el relajo del alma al bus, con Palomo nos lamentábamos no haber comprado siquiera una cerveza para el viaje pero ya que el destino es el mejor compañero de una necesidad, ya que justo en frente nuestro estaba un amigo que no veía hace años y el si iba algo preparado para el viaje con una botella de pisco, armamos un mini carrete y luego de viajar 9 horas y media llegamos a destino, a primeras no vi nada atractivo ya que solo estábamos en una plaza esperando que alguno de los chicos se acercara a buscarnos y claro el tiempo será siempre dueño de la verdad, así que Jonathan llegó antes de las 8 AM para guiarnos a nuestra nueva casa de verano, en fin la realidad es que era un patio, si un patio de una casa adaptado para un improvisado camping, se veían un par de baños bastantes precarios y muchas carpas instaladas, traté de acercarme al grupo que ya nos llevaba un par de días de ventaja de vacaciones, no tuve mucha suerte ya que todos estaban en un estado de coma etílico y por ende no respondían a nuestro saludo matutino. Cerca del mediodía y como una redada de zombies mis amigos comenzaron a aparecer de a uno (Palomo, Papelucho, Barney, Camilo, Bacilon y el J) que esa mañana despertó con un clavo de 4 pulgadas en su pie izquierdo, lo acompañamos al centro asistencial y el olor a trago que expelían era terrible, el doctor le inyecto contra el tétano y le recomendó cuidado con la herida, desde el segundo día ya teníamos problemas.

                Los carretes seguían en las posteriores noches y claramente el grupo abría paso a las mujeres que se acercaban a él, solo éramos hombres así que algo de compañía femenina no venía nada de mal, era genial sentirse los artistas del lugar, que después del show desde las 21 a 23 horas solíamos ser unas estrellas de rock que podíamos hacer lo que quisiéremos, entre esos pasajes de conocer muchas amistades hubo una bastante particular, el grupo como siempre se expandía por casi todo el sector y los de siempre nos quedábamos algo más céntricos fue ahí cuando hubo un grupo de 3 chicas que estaban solas pedían a gritos que les alegrarán más las vacaciones, con Emilio fuimos testigos de la jugada maestra y obviamente mi amigo me pidió que “pescara” y que atrajera a las chicas al grupo, no sé bien por qué pero me negué tajantemente el negro insistió nuevamente “anda no seas maricón” , no nuevamente respondí , entre ese vaivén de ir o no me aferré a la idea de decir que era gay, así es le dije al negro no voy porqué soy gay Emilio sonreía y me dijo “ok, yo voy” como siempre el carisma y la buena onda de mi amigo trajo finalmente a estas 3 chicas al grupo, obviamente el sabor dulce del humor agraz del negro me hizo presentarme como el gay del grupo, fue algo desagradable pero debí reivindicarme con creces con una de ellas para demostrar que solo fue un juego de timidez entre mi amigo y yo.

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