Cuando era niño tuve «casi» un amigo imaginario, este «monito» se llamaba JAMIN, ahora pensando, no sé porque llevaba ese nombre.
Lo chistoso es que este amigo se diferencia de los clásicos «amigos imaginarios», el mió era un monito tocable, lo raro es que si se me perdía bastaba comprar una moto y sacar al mono del asiento y listo, con eso yo dejaba de llorar y volvía a las increíbles charlas con él, tengo un recuerdo latente de la ultima vez que perdí a unos de estos «Jamines». Jugaba en la casa de mis abuelos en San Bernardo, estaba en la alteza con agua y Jamin desapareció, así de simple, llore y nunca más volvio»…de ahí nunca más tuve un Jamin como amigo, pero»…este fin de semana en casa de mi hermanita»…en algún momento»…sonó la puerta, abrí… y adivinen»…quien era!!!»…mí Jamin, le dije»…donde estabas «ctm», tantos años sin verte, estos días conversamos de los últimos 25 años que no nos veíamos y las historias que tiene para contarme son increíbles, lo mejor de todo es que volvió igual, tal como lo recuerdo, contento mágico, soñador, ahora me acompañe al escribir este post desde un cómodo asiento.
Eso sí! le prohibí desaparecer sin avisar, pero»…el no entiende lo que es buscar por tantos años, ni menos esperar…


